“Existe gran desconocimiento sobre políticas y legislación cultural”
La pandemia COVID-19 terminó de poner en evidencia la profunda crisis histórica que atraviesa el sector artístico en Guatemala, que se vio sin respaldo ante la falta de una ley que ampare al trabajo artístico dentro del código de trabajo.
Con iniciativas desde el Ministerio de Cultura como intentos para respaldar a los artistas, al mismo tiempo mostraron grandes vacíos para poder cubrir al sector, y las dudas de cómo éstas se desempeñaban. Una crisis que no es nueva y permanece latente sin que se logre una unión para lograr cambios sustanciales.
Entrevistamos a Magda Angélica, con 25 años de trayectoria dentro del medio artístico y que ha dividido en dos su profesión, una dentro de la música y otra como investigadora cultural donde ha llevado a cabo una investigación y reflexión sobre los distintos procesos artísticos.
En el año 2012, en la Universidad Rafael Landívar se abrió un espacio para realizar investigación sobre arte “era el sueño y el reto de llevar a un ámbito académico una reflexión y análisis sobre los procesos artísticos, en el 2012 que estaba el Instituto de Estudios Humanísticos, que ahora ya es otra estructura (El Instituto de Investigación y Proyección Sobre Diversidad Sociocultural e Intercultural), entré ese año al instituto, propuse el proyecto `Tejiendo la voz, arte como plataforma de diálogo intercultural´, que fue mi tesis doctoral, entonces era un estudio de un proceso artístico creativo con jóvenes en Alta Verapaz en teatro, danza, poesía y música, y se abrió la oportunidad dentro de la vicerrectoría de investigación de la URL de desarrollar y fortalecer una línea en investigación en arte, ahí se conjugan ambas cosas, la parte académica con toda esta búsqueda artística que he tenido desde hace 25 años”, dice Magda.
Actualmente es coordinadora del Departamento de Estudios Humanísticos de la URL donde desarrolló el libro Un panorama sobre la legislación y políticas públicas culturales. Aspectos relevantes para el trabajo de los colectivos artístico-culturales en Guatemala, publicado en el año 2021.
El libro es el primer producto de un proceso de investigación diseñado a tres años titulad Producción cultural simbólica, articulación social y reconfiguración del espacio urbano desde los movimientos artítico-culturales guatemaltecos a partir de la firma de los Acuerdos de Paz. La investigación inició en el año 2020 y se pretende mostrar un análisis y mapeo de los movimientos artísticos en el país y, una segunda línea, que es la legislación y política cultural en Guatemala.
A raíz de la pandemia salen a luz la vulnerabilidad de los colectivos artísticos, esto motivó a que se priorizara la línea de la legislación y política cultura para saber qué respalda al gremio artístico a nivel de políticas públicas.
Uno de los hallazgos es que sí existen, pero hay un desconocimiento sobre éstas leyes. A continuación, un extracto de la entrevista que pueden ver completa en nuestro video.

Es un sector vulnerable porque la mayoría está dentro de lo que se clasificaría como un empleo informal. No existe una ley que ampare el trabajo artístico dentro del código de trabajo
Se ha investigado poco sobre las políticas culturales. ¿Existe poco interés en torno a los derechos artísticos y culturales en el país?
Más que poco interés hay un gran desconocimiento sobre políticas y legislación cultural.
Este lo empecé por una investigación que estoy haciendo en la Universidad Rafael Landívar, empecé a indagar si alguien de los colectivos artísticos, artistas conocían algo de política cultural o sobre legislación, me decían “no hay nada, no hay nada”. Entonces dije, vamos hacer un estado de la cuestión de lo que exista.
Cuando logré hablar con Max Araujo, que es pionero en la investigación de estos temas, él sacó un libro que se llama Breviario de la Legislación Cultural en Guatemala, donde compila una gran cantidad de leyes que respaldan el trabajo artístico y cultural en el país, y cuando me doy cuenta de todo lo que existe y que además hay políticas culturales planteadas a largo plazo, que hay distintos temas que se han trabajado, por ejemplo la diplomacia cultural, la vinculación del arte y la economía, el sistema de información en Guatemala, hay grandes proyectos que se han planteado pero lo que existe es un fuerte desconocimiento y quizás sí un poco de desinterés. Las personas que están vinculadas al arte están más ocupadas en su trabajo creativo y artístico, eso absorbe el cien por ciento de su atención y de su pasión, pero no ha habido suficiente información y conocimiento para saber qué nos respalda. Y como dice Enrique Matheu, que es el líder de esta creación del plan de desarrollo cultural a largo plazo, “Si no hay una ciudadanización de las políticas, si no nos las apropiamos, se quedan en letra muerta”.
Además de los decretos y legislaciones que amparan al sector cultural, pone sobre la mesa las dificultades que atraviesa el artista.
La pandemia sacó a luz una profunda crisis histórica de los colectivos artísticos y culturales, una de nuestras problemáticas es una desarticulación muy fuerte, no tenemos esa cultura de asociarnos u organizarnos, sino que cada quien busca como sacar adelante su propio proyecto, no hay una visión colectiva, esa desarticulación nos ha dañado, y, por otro lado, procesos que se inician desde el Estado pero que no tienen una visión de cumplimiento e implementación a mediano y largo plazo. Hay personas que han propuesto grandes cosas, pero luego vienen cambios de Gobierno, cambios de autoridades hace que se pierdan importantes esfuerzos.
Es un sector vulnerable porque la mayoría está dentro de lo que se clasificaría como un empleo informal. No existe una ley que ampare el trabajo artístico dentro del código de trabajo, que se clasifique bien el trabajo y cómo se puede renumerar. Quedan en el desamparo gran cantidad de artistas en distintas disciplinas. Nos dimos cuenta que hubo una euforia de unirse al principio, pero nos cuesta mucho articularnos.
¿Qué les dirías al sector artístico para que se pueda trabajar en pro del artista? ¿Qué recomendarías?
Lo que vi fue que las asociaciones de artistas jugaron un papel importante frente al Estado, asociaciones que presentaron una buena estructura, y eso les daba credibilidad frente al Estado cuando se ofrecieron estos programas de apoyo. Una de las cosas más importantes es lograr asociarnos. Ha habido muchos cuestionamientos de algunas asociaciones ya existentes, pero están ahí, y si nosotros no nos involucramos o participamos cada quien va navegando solo. Lo otro es el conocimiento de lo que existe en legislación y política. Creo que ha habido también un asunto visceral de animadversión a las instituciones del Estado que por razones históricas existe en Guatemala con razón por que ha habido, pero tenemos que tener como artistas una buena argumentación en lo que planteamos, me refiero a la crítica sin fundamento. El conocimiento de qué nos ampara a nivel legal y de política pública e importante, y sobre todo ver más allá de nuestros intereses individuales para lograr objetivos comunes, solo así podemos fortalecernos. A veces veo que hasta las colaboraciones artísticas son difíciles, tenemos un ego alto que nos afecta. Si no podemos colaborar creativamente eso nos indica que hay grandes problemas, el hecho de no poder vislumbrar objetivos comunes son desafíos que debemos solventar.
Se critica el abandono del Estado al artista
Sí. Nuestro gran problema es que no existen estructuras que garanticen el cumplimiento de las políticas de mediano y largo plazo, entonces dependemos de la voluntad de las personas. Si llegan personas como Enrique Matheu, Max Araujo o Otilia Lux de Cotí, ahí hay una lucha y un trabajo intenso por fortalecer el área de la cultura, pero si llegan personas que lamentablemente este ministerio muchas veces se ha ocupado para garantizar cierto favoritismo o gratificar intereses y no por personas capaces que ocupen esos cargos.
Por otro lado, veo que esa falta de credibilidad histórica ante las instituciones hace que los artistas no nos acerquemos al ministerio para ver qué se puede plantear, esa es la otro parte, no solo el gobierno tiene la responsabilidad sino también si nos organizáramos y demandáramos yo creo que se moverían las estructuras ahí adentro. Es una cosa de doble vía.
En el libro mencionas que el sector de la música es el más organizado. ¿Existen otros que lleguen a esta organización?
Sí menciono que es el más organizado porque es el primer sector que pudo crear sociedades de gestión colectiva. Está la asociación de autores y compositores AEI, la asociación que maneja los derechos conexos que es MUSICARTES, la que maneja fonogramas AGIMPRO. Es una experiencia replicable para otras disciplinas artísticas que pudieran generar esto. Antes en Guatemala no existía quien hiciera un pago de regalías por concepto de derecho de autor o cuando se ha grabado sobre la canción de otras personas, pero se ha interpretado voz o algún instrumento, eso es un derecho conexo, o quien tiene el derecho de fonograma cuando se graba un disco. Con todo eso me refiero que es la más organizada. Pero hay otras disciplinas que ha logrado asociaciones como AGACINE, AGADANZA, ARTEATRO, pero sociedades de gestión colectiva hasta el momento solo existen en la música.
Mencionas al Instituto de Previsión Social del Artista, IPSA, creado en 1990 para fortalecer el desarrollo de la cultura del país, pero no ha cumplido su objetivo. Según tu investigación, ¿Por qué no han logrado cumplir la función para lo que fue creado?
El proyecto fue un gran proyecto, está plasmado en el decreto 81-90 que respalda la creación del IPSA que debía velar por la seguridad de los artistas, pero también por su desarrollo y formación. Lamentablemente a la hora de llevarlo a la práctica ha sido cooptado por un grupo de personas que han mantenidos su estatus en la directiva del Instituto. Hubo una solicitud de rendición de cuentas, desde el 2015 se está demandando que haya una rendición de cuentas transparente de este instituto y no se ha logrado que haya claridad en el manejo de los fondos. Ha habido un fuerte cuestionamiento, pero sobre todo por la cooptación de esta institución que debería de estar al servicio de los artistas.
Más que poco interés hay un gran desconocimiento sobre políticas y legislación cultural
Desde hace más de diez años Magda Angélica ha venido trabajando en investigar las causas y problemas a los que se enfrentan los artistas, tema que aún continúa en desarrollo.
Actualmente está realizando la producción de su séptimo disco, en el que se plantea nuevas formas de experimentación “la pandemia nos movió mucho, también en la reflexión de las búsquedas artísticas, entonces me salí de todas las estructuras incluso de la estructura de canción que es lo que yo he hecho siempre”. Esta nueva etapa de experimentación en su creación musical terminó por convertirla en un disco en el que se liberó de las palabras y entró a un mundo de “sensaciones armónicas”, como ella lo define.
- Foto de portada: Claudio Vasquez Bianchi.
- Diseño: Andres Silva.



